Transición (-) 2.0

Hoy en el diario Voz Populi de Cacho, que ya empieza a faltar a los compromisos dominicales con sus lectores, se dice que existe un cierto malestar en el PP y en el PSOE respecto al último discurso de Bono como presidente de las Cortes en tanto que reflejaba claramente sus intenciones de formar parte de un hipotético gobierno de concentración nacional que tendría lugar en 2012 al no poder atender el Estado español a sus obligaciones financieras y ser rescatado por la instituciones internacionales, UE, BCE y FMI.

No es posible, menos todavía sin conocer los entresijos del poder como es mi caso, aventurar lo que va a ocurrir en nuestros país más allá de unas semanas a la vista. Pero es evidente, en el sentido literal de que hay evidencias, que en 2012 se van a ir agregando fuerzas y vectores en favor de lo que muchos llaman una segunda transición. Nada podría alegrar más tanto a quienes creen que la primera fue fallida como a aquellos para los que aun no habiendo podido ser de otra manera, la Transición dejó tantas puertas abiertas al descontrol político y territorial que ha llegado el momento de revisar la obra jurídica que concretó el plan de la reforma, es decir, la Constitución del 78.

Hay, sin embargo, un gran riesgo que no podemos obviar. El riesgo a que se vuelvan a repetir los mismos vicios. Resumo: no hubo un proceso constituyente propiamente dicho. No se contó con el pueblo como se debe contar cuando se realiza un proceso de tal naturaleza. Como consecuencia, hubo demasiados blindajes del poder respecto al control que el sistema de checks & balances y los ciudadanos deben ejercer sobre sus representantes y gobernantes. La territorialidad se dejó abierta a las ambiciones locales. La libertad, mucho menos la política, no quedó garantizada. Y los derechos participativos de los ciudadanos brillaron por su ausencia. Las consecuencia de esta falta de libertad son muy sencillas de entender. Tenemos lo que vemos. 2011, 2012 y 2013 pueden definirlo perfectamente.

Un gobierno de concentración nacional o un pacto constitucional entre los dos grandes partidos hurtará, casi con toda seguridad, a los ciudadanos la posibilidad de protagonizar un proceso constituyente, única garantía de que el pueblo sea el centro de gravedad del nuevo sistema y no las oligarquías existentes.

Veo a bastantes medios de comunicación apoyando una u otra postura (el gobierno o el pacto entre los grandes). Será un desastre pensar, como hace hoy Anson, que ambos representan al 80% de los ciudadanos por el sólo hecho de que les hayan votado. A Franco y a sus leyes fundamentales le votaba el 90% de la población y no por ello presidía un gobierno representativo del pueblo. PP y PSOE representan al Estado más que a la sociedad, entre otras razones porque es éste quien les financia.

Estemos muy alerta, creo que por fin va a haber una reforma constitucional. Para estar contentos de que así sea tendríamos que confiar en que realice en la forma deseada.

 

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Empresario. Autor del libro Mando a distancia. Ex profesor de Sociología. Doctor en Derecho. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Urbanista.

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