TORMENTA GRIEGA EN LA CIÉNAGA EUROPEA

 

(Escrito para la Fundación Civil)

Escribir pocas horas antes de conocer los resultados de los comicios griegos puede parecer arriesgado. Creo sin embargo que no es así, no tanto por poder hacerlo sin el apasionamiento y la improvisación que surgen con el conocimiento de los hechos y las primeras declaraciones de sus protagonistas, como por entender, siguiendo a Montesquieu, que tal es el vicio de origen de la Unión Europea en su estructura, que su causa general se verá arruinada por el surgimiento espontaneo de una particular. Será la tormenta de Grecia, o la siguiente, o quizá la siguiente de la siguiente, la que terminará con una institución que predica incongruentemente la causa general del interés público mientras da la espalda a los ciudadanos desde el primer día de su constitución. La suma de la armonización fiscal y la solidaridad financiera a las ya instituidas uniones de personas, bienes, capitales y servicios no reforzarán los pies de barro antidemocráticos del gigante. Europa necesita, en la parte de soberanía nacional que desee absorber de sus Estados miembros, estar dirigida por un Poder Ejecutivo elegido directamente por los ciudadanos y no por esa componenda de jefes de gobierno, preocupados cada uno por sus próximas elecciones nacionales, que no tienen ningún tipo de responsabilidad directa en sus funciones europeas. Y por supuesto, en aquellas materias en las que la Unión fuese competente, la existencia de un Parlamento de verdad, formado por diputados comprometidos con un territorio local y un programa europeo y no esta carísima ficción que tenemos que sufragar los ciudadanos para aparentar que disfrutamos a nivel europeo de un Poder Legislativo real. Entiendo, pues, que sin esos requisitos que fundamentan la democracia y el control de la ciudadanía, toda contingencia que se pretenda parchear no evitará en último término la explosión del entramado institucional europea. Como ha ocurrido con todas la burbujas actuales, lo única variable a despejar es el factor tiempo.

Ahora bien, ¿acaso desean los ciudadanos europeos renunciar a su soberanía nacional? ¿Les ha preguntado alguien? Y si es así,  ¿cómo ha de hacerse? ¿Qué forma habría de adquirir esa futura unión?  ¿A cambio de qué? ¿A qué precio?..

La naturaleza constituyente de tal proceso requeriría ser sometida a una seria y profunda consideración, a un debate nacional y continental que abriendo el diálogo entre los ciudadanos y sus representantes, permitiera establecer amplios canales de deliberación sobre los modelos políticos posibles y conocer las distintas contribuciones de los ciudadanos de cada país a la idea de una confederación democrática europea. Sólo así sería legítimo dilucidar los puntos en los que cupiera un acuerdo constituyente. Sin olvidarnos, naturalmente, de que no hay deliberación democrática sin una votación final en la que cada uno de los miembros de las naciones implicadas pudiera ejercitar su acción de soberanía si lo desease. Lo que vaya a ocurrir en Grecia no altera un ápice estas máximas coherentes con la causa general de la democracia.

En el caso español, el debate que comienza a establecerse no es tan diferente del que se produjo a comienzos del siglo pasado. Con la constancia de que nos encontramos inmersos en dos proyectos que se encuentran al filo del precipicio, el español y el europeo, recuerdo las dos grandes visiones que en circunstancias cuasi similares ofreció la generación del 98. Esos sombríos momentos que describieron la época que iba del fin de la guerra hispanoamericana al comienzo de la europea lo fueron de intensa actividad intelectual y se entrecruzaron las críticas a un pasado aciago con los proyectos de futuro.

Representando visiones antagónicas, de entre una generación de talentos dos atalayas se elevaron sobre el resto en el intento de comprender nuestro papel en la historia, en el pensamiento, en la civilización de Europa y en la esperanza de acertar en la decisión de tornar la mirada hacia algún punto de fuga convertido en referente. Unamuno y Ortega representaron esas dos visiones que nuestra heterodoxia posmoderna alberga entre las más compartidas.

El filósofo vasco, “alcaloide español”, insociable, intensamente nacional, receló de Europa y sus técnicas (hoy mercados) y presentó una mirada independiente, más bien sureña. Leer al Norte, mirar al Mediodía. Para él, la salvación de España estaba en su propia sustancia, decía, en la perseverancia en su propio ser, en palabras de Spinoza. Hoy estaría representado por el partido de la peseta.

El vitalista madrileño hallaría la falla en la excepcionalidad española, en esa contextura vital que se le adhiere secularmente. Y mantuvo que el ibero no debía continuar malbaratando su energía en el caos y el desorden. España debía aprender a someter su ímpetu a un orden civil que encontraría en la influencia y el ejemplo de Europa. España era el problema, Europa la solución. Hoy en día, el establishment puede considerarse el mayor acreedor de esta visión.

A mi juicio, una y otra mirada enfocan el problema sin realismo. Ni la introspección ni la huida hacia delante son capaces de presentar una solución. España forma parte consustancial de Europa, sí. Pensar en el futuro de España desvinculada de su continente es casi una entelequia. Pero la enferma Unión Europea actual no es la Europa que queremos los demócratas. Su afección es en cierta medida parecida a la agonía española, aunque atenuada por la ética protestante a la que Weber se refirió con maestría. Se llama oligarquía; y democracia su solución. Aquí y allá.

Lo que ocurre es que mal podremos proponerla en el Norte cuando nosotros no todavía no la hemos conocido.

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Empresario. Autor del libro Mando a distancia. Ex profesor de Sociología. Doctor en Derecho. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Urbanista.

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2 Responses to TORMENTA GRIEGA EN LA CIÉNAGA EUROPEA

  1. Lemos 17 Junio, 2012 at 22:11 #

    El hecho de que en España domine un régimen oligarca, que hasta hoy, se vende como democrático, no excluye la lógica de que los españoles propongan:

    UNA DEMOCRACIA REAL, AQUÍ Y EN EL RESTO DE LA EU (UE?).

    Que en España la democracia, no se haya establecido, de pleno….
    no implica incoherencia, si los españoles luchan por la implantación de una verdadera democracia, no solamente en el lugar donde aún no la hemos conocido, o experimentado directa y satisfactoriamente.
    Por ello mismo, ya estamos precavidos. Venimos de vuelta y ….

    -No queremos volver a recibir gato por liebre-.

    Luchar por la verdadera y arrebatada democracia verdadera, en nuestro país, y que nunca debe de perder soberanía.
    Así como, -exigir esta ARREBATADA DEMOCRACIA- en el norte.
    Luchar por este requisito, como condición primordial, si queremos hacer posible una verdadera confederación europea.
    En esta democracia (que no sería otra) cada país soberano, constituyente de esta futura Europa Federal, debe de tener garantizado su propia libertad para -dejar de-
    formar parte en la federación, si así lo considerarse.

    Puede ser que los españoles que luchen por ello, no sean lo que ahora figuran en las listas -oficiales- dirigentes….

    Por más vueltas que le demos, siempre llegamos a la misma conclusión:
    Hoy en día, es La sociedad civil española, la que debe de luchar por esto.
    Empezando por aquí, y según se presenta el panorama, casi -simultáneamente, -allí-,
    El hecho de que aquí nos hayan arrebatado la verdadera democracia, no nos resta derecho, a luchar y exigirla: Aquí y Allá…

    Estimado Sr. Abadía,
    Este artículo que ha escrito es especialmente valioso en reflexiones y mensaje.
    Y muy bien trabajado. Gracias y …. GRATULIEREN…!!

    Slds deSananda

  2. Lemos 17 Junio, 2012 at 22:24 #

    En mi escrito aparecen un par de “nudos” en el vocabulario, con las palabras:
    -Verdadera, arrebatada, y democracia- … (y algo más…)

    Los he visto ahora. Demasiado tarde… ¡Disculpe!

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