PLEONASMO EN EL ESTADO

(Escrito para la Fundación civil)

Lo pongamos como lo queramos poner, España tiene hoy un problema cuya evidencia es tan patente que huelga describirla perdiendo más tiempo que el que cuesta escribir una línea: vivimos como nación muy por encima de nuestras posibilidades. Y lo peor es que, a nivel individual, vivimos de forma muy desigual.

Aspirar como colectivo a vivir mejor incluso de lo que lo hemos hecho es tan legítimo como en cierto modo necesario para avivar el decaído espíritu de superación que la coyuntura nos ha hecho apartar a un lado. Por otro lado, pensar que no ha sido culpa de la inmensa mayoría ciudadanos, que ingenuamente actuaron ante la hinchazón de la economía y la guerra crediticia de hace unos años, endeudándose más de lo aconsejable, es también lógico.

Pero dejémonos de rodeos. ¿Queremos salir de esta maldición sífica? Pues tendremos que emplearnos y exigir sacrificios.

Activar la máquina de hacer billetes puede ser beneficioso a corto plazo pero jamás aconsejable como única medida de reducir la deuda, menos aún a largo plazo. Las medidas liberalizadoras del entramado económico son también fundamentales porque consiguen adaptar la estructura a la coyuntura. Es decir, volviendo a ser claros, consiguen abaratar costes. Pero por muchos costes que abarate la liberalización, hay uno que es el fundamental -y que ha sido clave para estar en la situación en la que nos encontramos- que la liberalización económica no tocará ni siquiera tangencialmente. No es otro que el gasto público. Los billetes europeos podrán pagar la deuda, o aliviarla a corto plazo, con el consiguiente aumento de la inflación y la correspondiente disminución de la renta per cápita, pero jamás adaptarán los gastos de un país a sus verdaderos ingresos, que para las próximas décadas en España no volverán a ser los mismos, por bonito que sea que así fuese.

Si nuestros ingresos reales son 10 e ingresamos 9 no es posible cuadrar las cuentas, aunque nos dejen 1 o incluso 2, primero porque en la mayoría de los casos habrá que devolverlo y segundo porque incluso sin tener que hacerlo, no podemos aspirar a recibirlos todos los años, luego cuando éstos falten, el déficit estructural oculto volverá a aflorar y nos daremos cuenta de que estamos en las mismas o peor todavía. Así de sencillo.

Pedir una demora en el cumplimiento del déficit presupuestario para pasar del 4,4% e instalarnos en el 6 o 7% como acaba de pedir Rajoy a la UE es, a mi juicio, una temeridad.

Ninguna de las medidas tomadas por el gobierno actual servirá de nada si no cortamos de raíz el gasto público y entramos en el plazo de dos años en superávit presupuestario para aliviar el peso de la deuda, que acabará siendo, cuando afloren todas las cuentas y facturas, mucho más alto de lo que se dice. Algunos ya piensan que estará por encima del 100% del PIB.

Reducir el gasto público en un 30% es posible, aunque eso implique asumir 1.000.000 parados más durante el próximo año. Pasando esa ingente cantidad de dinero de la economía improductiva (ese 30% es gasto superfluo) a la productiva por medio de la apertura e instrumentalización del crédito a las empresas -si no se fían de los bancos se puede hacer a través del ICO- se conseguirían los mismos efectos que con la demora en el cumplimiento de los objetivos del déficit pero con una diferencia que puede suponer la piedra angular del ser o no ser de España como país desarrollado. Ese millón en dos o tres años habría pasado de restar a contribuir en los ingresos de la economía nacional y los presupuestos estarían equilibrados incluso amortizando deuda.

Si que desde el punto de vista económico la cuestión, opino, es irrefutable, entonces ¿dónde se encuentra el problema? ¿acaso la sociedad no desea que esto ocurra?

El problema radica en que para que esto suceda hace falta realizar una transformación política de tal calado que probablemente tiraría por la borda, como decíamos en el post anterior, a la clase dirigente actual. Porque no se puede reformar el sistema administrativo español sin alterar la naturaleza de la fuente de la que se ha nutrido para adquirir su omnipotencia actual. El título VIII es a la Ley electoral y a la financiación pública de los partidos lo que la libertad política es a la democracia. Autonomías y partidocracia es pleonasmo.

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Empresario. Autor del libro Mando a distancia. Ex profesor de Sociología. Doctor en Derecho. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Urbanista.

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2 Responses to PLEONASMO EN EL ESTADO

  1. Angeles 27 Febrero, 2012 at 12:03 #

    La deuda pública se termina enseguida si el pueblo decide que pague la deuda pública los políticos que la han recibido, que den cuenta de ella, en qué se han gastado todo el dinero prestado de los mercados financieros.

    Cuando un particular no paga su casa, le quitan la casa, pero aquí se vacian arcas públicas, se desfalca con la mayor impunidad, y además premian con pensiones vitalicias de oro a los políticos despilfarradores.

    Ellos deben ser juzgados, y los que las cuentas no le salgan, a la cárcel. Borrón y cuenta nueva con la deuda pública, que no la ha pedido el pueblo. Hagamos una democracia auténtica y estas cosas no pasarán.

  2. Marcus 28 Febrero, 2012 at 08:26 #

    Completamente de acuerdo Lorenzo, una cosa no s puede solucionar sin haber resuelto la otra. La reforma de la CE es necesaria y urgente

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