NIHILISMO NACIONALISTA

(Escrito para la Fundación Civil)

En plena fase expansiva, la marea del español inunda las costas del mundo. Urbi et orbi. Ciudadanos, emprendedores y académicos, cosmopolitas todos, se afanan a aprenderlo conscientes de su potencia como vehículo de transmisión del pensamiento yla acción. Adornadocon los más granados reconocimientos internacionales, el magnetismo de las letras españolas viene hechizando secularmente a quienes le miran a través de los vivos destellos de su fecunda imaginación, de su honda inspiración, de su trágica evasión, transmutado domésticas anécdotas en valores universales como pocas lenguas lo han conseguido.

He vivido en California. Nadie ha que decirme que, además de lengua oficial en la que un norteamericano puede dirigirse a la Administración y educar a sus hijos, el español es el lenguaje de la calle en muchas ciudades del sur. En Little Habana (Miami) saber inglés es sólo una ventaja más, eso sí, reconocida como derecho público. Y hay barrios en Nueva York cuyos negocios rotulan “We speak english” desde hace muchos años.

Ese código semiótico que unió a Cervantes, a Tirso y a Lorca no tendría rival en una relación dialógica con sus diminutos detractores. Transitan planos antitéticos sin dialéctica posible. Universalismo versus provincialismo. Cosmopolitismo contra neofeudalismo. Humanismo frente a aldeanismo. Cualquier comparación en libertad deviene paradójicamente en abuso, en despotismo.

Pero en este envite por la supremacía de una idea la libertad no arbitra. Lo hace el poder. Pues eso es lo que está en juego. El poder de unos pocos frente a las letras de todos. La gloria de los primeros en detrimento de los segundos. Prohibir o simplemente dificultar la posibilidad de dominar la herramienta que mejor le abre al mundo, es negar al ciudadano español la herencia de los siglos, es robarle ese bagaje cultural que le hace humano entre los humanos, es atenazarle el presente, es hacerle renunciar a un futuro inimaginable sin el don del entendimiento.

No son conscientes, los ciudadanos catalanes, del sacrificio que realizan para que una élite caciquil disfrute del poder total que ofrecela soberanía. Cataluñapierde, lo perderá casi todo, pero ellos ganan. Ser jefe de una aldea-Estado es mucho mejor que no serlo. Disponer del monopolio de la violencia legal y del presupuesto nacional es un lujo al que se tienen que supeditar el resto de las necesidades públicas.

Es la lógica de todo nacionalismo. Tras su máscara romántica no hay nada. Sólo nihilismo.

Pd: Recomiendo este libro de Glucksmann. Escrito después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, mantiene intacta su vigencia.

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Empresario. Autor del libro Mando a distancia. Ex profesor de Sociología. Doctor en Derecho. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Urbanista.

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