La sugerencia de Enrique Dans magnifica el #15M

 

Conforme han ido avanzando los días, mi ilusión respecto al movimiento #15M se ha ido encogiendo, limitando. Quienes venimos defendiendo un modelo distinto a la oligarquía de partidos existente en España, sabemos que nos enfrentamos a un adversario muy poderoso que controla los tres poderes del Estado, una parte muy considerable del sistema financiero y un porcentaje altísimo de los medios de comunicación. Todo esfuerzo parecerá minúsculo comparado con el poder al que se enfrenta, aunque sólo sea en el plano dialéctico.

En un principio, entendí este movimiento como una reacción espontánea de la sociedad, especialmente de la parte más joven, que oprimida por las circunstancias económicas y sociales y aliada con las ventajas que ofrece la sociedad de la información salía a la calle básicamente a protestar. Y me gustó. Me gustó mucho. A pesar de que uno de los promotores del movimiento, hace unos tres meses, me indujo a no formar parte de esta historia y me sugirió despectivamente irme a engrosar la filas de hazteoir.org, asociación respecto a cuyos fines no tengo absolutamente nada que objetar aunque no los comparta, y a pesar de que el ideario y las propuestas destilaban ideología y desconocimiento de la democracia (al menos de la democracia formal, lo de real es un adjetivo inventado por el movimiento, que yo sepa, pues la ciencia política no categoriza el término) la iniciativa tenía para mí, más aspectos positivos que negativos. Me explicaré.

En primer lugar, al implantar una ideología de clase como punto fundacional el movimiento se limitaba a contar con una parte de la sociedad y a tener que prescindir del resto. Es lo que ha ocurrido, una parte muy importante de ciudadanos de centro y de centro derecha, contemplan con recelo un movimiento cuyos postulados sociales perfectamente los puede (e intenta hacerlo) suscribir un grupo tan poco sospechoso de ser de centro como es Izquierda Unida. Si ya resulta complicadísimo para la sociedad civil entablar una lucha contra un Estado que no le representa -no nos podemos olvidar en este análisis que en España los partidos son el Estado pues al él solo representan y por él se financian, al menos legalmente- imaginemos el grado de dificultad con el que nos encontraríamos si, además, la sociedad se encuentra dividida. Lo dicho, por supuesto, es trasladable a la ideología contraria y también me he cansado de decirlo en los intentos de amalgamar al centro derecha en proyectos anti partitocráticos similares que ya ha habido, aunque no hayan tenido repercusión social. Si no contamos con toda la sociedad, no nos impondremos al Estado, fiel garante de los privilegios de la clase dirigente, esto es una evidencia. El movimiento definitivo que alcance el éxito deberá ser ideológicamente aséptico y concentrase en las cuestiones que afectan a la democracia sin adjetivos, a las reglas de juego que convierten a una sociedad en libre o esclava de sus dirigentes. Y para eso no hay ideología que valga, o mejor dicho, valen todas siempre y cuando estén unidas en torno al proyecto de cambio institucional.

En segundo lugar, enseguida advertí que el proyecto carecía de una dirección política democrática formada que pudiera orientar en el sentido correcto el hartazgo de los ciudadanos respecto a su clase política y las peticiones de cambio hacia un sistema mejor, capaz de zafarse de una vez por todas de los despropósitos cometidos por quienes no se representan si no a sí mismos y no están controlados por nadie, aspectos éstos fundamentales para entender la sarta de desmanes cometidos en España desde hace muchos años. Sin representación ni división de poderes, un sistema político termina necesariamente en un fracaso social. Pues bien, Democracia real ya! aboga por seguir manteniendo los partidos en el Estado y niega la representación de la sociedad en el Parlamento, aunque su ignorancia en materia política le haga creer que por medio de una mayor proporcionalidad conseguirá introducir a sectores minoritarios de la sociedad en las instituciones del Estado y romper el bipartidismo, no dándose cuenta de que esos grupos minoritarios, que operarán también por el procedimiento de listas de partido, no se representarán más que a sí mismos y al Estado, y nunca al ciudadano. Y, claro está, el movimiento no ha hecho una sola mención a la división de poderes, aspecto inexistente en España y factor fundamental de la democracia (de la democracia burguesa, quizá digan algunos concentrados..).

En tercer lugar, porque advertir la necesidad de establecer mecanismos de democracia participativa y quedarse en la simple propuesta de referéndums para todas las leyes no hace sino reflejar el profundo desconocimiento de las posibilidades que la sociedad del conocimiento ofrece a los derechos de participación del ciudadano, no sólo para legislar sino también para controlar a la clase política. Para ello recomiendo, por no extenderme, mi libro llamado “Mando a distancia. Herramientas digitales para la revolución democrática”.

Siendo así, a pesar de los graves inconvenientes descritos y más allá de la posible utilización de mucha voluntad bienintencionada por parte de algunos partidos, – era también evidente que éstos se mostrarían en contra o asumirían lo que pudieran sin romper su situación de privilegio, es decir las propuestas sociales y aquellas políticas que yendo en la misma dirección partidocrática aparentasen lo contrario-, la iniciativa me pareció tan saludable que yo mismo participé en ella y propuse hacer lo mismo a Red Democrática, asociación que coordino nacionalmente junto a Carlos Angulo. Porque formaba parte de mi convencimiento que un movimiento de este tipo comenzaría a despertar conciencias y quizá supusiera el inicio de un proceso constituyente, sin el cual, en España no habrá nunca democracia ni libertad política.

Aunque sólo sea por este artículo ha merecido la pena el intento. Por vez primera escucho (o leo) a alguien influyente en el movimiento hablar sobre un proceso constituyente, sobre la necesidad de aperturarlo para modificar las leyes respecto de las que nuestros desastres traen causa. Si una parte importante de los organizadores de todo el movimiento #15-M tuviera las ideas tan claras como Enrique Dans respecto a que ése y no otro debiera haber sido el objetivo del movimiento, a estas alturas la clase política estaría realmente temblando y la sociedad civil dispondría de una luz brillante y un horizonte esclarecido sobre los que agostar las sensaciones recibidas de la opresión, la miseria y el desencanto.

Falta mucho por hacer en la conquista de la democracia en España, pero el solo hecho de que una pequeña parte de los convocados y seguidores en la Red comience a plantearse la necesidad de abrir dicho proceso en España, habría confirmado mi primera intuición de que en este movimiento habitaba un verdadero brote verde por el que todo habrá merecido la pena.

 

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Empresario. Autor del libro Mando a distancia. Ex profesor de Sociología. Doctor en Derecho. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Urbanista.

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6 Responses to La sugerencia de Enrique Dans magnifica el #15M

  1. Ana Román 25 Mayo, 2011 at 13:57 #

    Me ha encantado el artículo, coincido absolutamente con todo

  2. Pedro Tomás 25 Mayo, 2011 at 13:58 #

    ¡Qué gran artículo!

  3. Elisa Tobías 25 Mayo, 2011 at 14:00 #

    Me identifico totalmente con lo que dices, Lorenzo, yo también me sentí así conforme el movimiento ha ido avanzando.

  4. Marta Gómez 25 Mayo, 2011 at 17:10 #

    Muy bueno, Lorenzo, somos muchos lo que pensamos como tú.

  5. Belén Andrés 25 Mayo, 2011 at 17:11 #

    Opino como tú, me he sentido defraudada.

  6. Reex74 1 Junio, 2011 at 18:30 #

    En sus propuestas: http://www.democraciarealya.es/?page_id=234 , si hacen referencia a la división de poderes, aunque se quedan en la separación del poder judicial y se olvidan de poder ejecutivo y legislativo…

    Por el resto, estoy de acuerdo contigo, sin un proceso constituyente, no se puede hablar de democracia.

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