ES LA HORA DE LOS CIUDADANOS

P copia

Explicaba epistolarmente Sigmundo Freud a Alberto Einstein en 1932 que el derecho es simplemente el entramado de reglas morales del vencedor impuestas a través de un acto de fuerza. No hay Estado, y por lo tanto nación-Estado, cuya génesis no sea ésa. En la teoría, cabe entender que si quienes pretenden un nuevo Estado concitan fuerza militar, simbólica y mediática suficiente como para que sus antagonistas vean más desventajas que beneficios en evitarlo, lo consigan sin derramamiento de sangre. En la praxis no. No ha ocurrido nunca en los tiempos modernos un proceso de independencia en la que no haya mediado una guerra. Todavía riega nuestra memoria la sangre de los episodios en los Balcanes. El apoyo alemán a Croacia desembocó en una tragedia con dimensiones de lesa humanidad.

Ahora bien, el sol, la magia y el duende españoles, fértiles semillas de creatividad artística con la que tantas veces hemos blasonado el Spain is different quizá estén a punto de realizar su primera aportación seria a la ciencia política, permitiendo pacíficamente que se destruya una de las naciones más antiguas de Europa. Que por cierto, es la nuestra.

El problema de aplazar los problemas, es que, a diferencia de los cigarros puros, éstos no terminan apagándose sino todo lo contrario. En cuestiones políticas, pese a lo que se repite hasta la saciedad, el tiempo y la pusilanimidad atizan las tensiones. Y eso es lo que los sucesivos gobiernos desde el inicio de la Transición han ido haciendo con el problema del nacionalismo, especialmente el catalán, contemporizando con su voracidad a cambio de apoyos parlamentarios e invocando egoístamente la popular frase de “el que venga detrás que arree”.

La falta de preparación del equipo de Suárez provocó la aceptación del café para todos propuesta por el inepto ministro regionalista andaluz Clavero Arévalo. La perfidia de González concedió a Jordi Pujol todo lo que fue menester para mantener sus gobiernos, entre otras cosas, el comienzo de las cesiones del IRPF. El complejo de inferioridad de Aznar y su ambición narcisista, pese a sus alardes patrióticos, sucumbieron ante Pujol tantas veces como fue necesario, cesión del IRPF, y finalización del proceso de transferencia de las competencias en educación, incluidos. Y si la pusilanimidad de Rajoy nos recuerda a la Chamberlain con Hitler, con el gallo Margallo convertido en asustada gallina, la traición de Rodríguez Zapatero a la nación española nos obliga a invocar la del mariscal Pétain al gobernar una nación cuya Constitución ha sido invadida por un Estatuto.

Para mayor desgracia, si la falta de carácter y la inacción política de Rajoy, que acaba de ofrecer diálogo “sin fecha de caducidad”, nos conducen indefectiblemente hacia el abismo nacional, la propuesta federal del PSOE y de IU convertirán en irreversible el proceso secesionista. En aras a evitar que se haga uso del inexistente derecho de autodeterminación de los pueblos, estas excelsas escuelas de la ciencia política pretenden conceder a las regiones españolas, a través del federalismo, lo que la historia jamás les dio, esto es, la soberanía. Porque en eso consiste el federalismo: en la renuncia a una soberanía previa, a una capacidad de decisión propia para unirse a un proyecto superior. Si las élites nacionalistas catalanas han tergiversado la historia de España hasta la náusea para demostrar al pueblo ignorante que son una nación, puedo imaginar cómo se armarían de razones si el Estado español les reconociera la soberanía previa necesaria al foedus, al pacto de confianza o fiducia, que precisa el federalismo. La nación española no puede constituir un Estado federal porque, primero, dejará de ser nación y, después, dejará de ser Estado.

La única solución al grave problema secesionista consiste en la supresión de las autonomías, con la excepción de aquellas que se encontraban reconocidas legalmente (o a punto como la gallega) en la II República, la fusión de las dos terceras partes de los municipios españoles, el fomento de las Diputaciones y, sobre todo, la instauración de un sistema presidencialista que defenestre de una vez por todas el nefasto parlamentarismo.

No es ya tarea de la actual clase dirigente, por supuesto. Lo es de la ciudadanía porque sólo nos concierne a nosotros. Necesitamos unas nuevas reglas de juego, una nueva Constitución. Pero esta vez, y ya irían nueve, los ciudadanos debemos formar parte activa en su redacción para que no se repitan los errores de siempre.

En eso consiste el #ProcesoConstituyente que el movimiento #pirámidetwitter propone.

Síguenos en   @pirámidetwitt         El Blog de #pirámidetwitter     y      #pirámidetwitter en Facebook

Escríbenos a piramidetwitter@gmail.com

About admin

Empresario. Autor del libro Mando a distancia. Ex profesor de Sociología. Doctor en Derecho. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Urbanista.

, , , , , , , , , , , , , , , , ,

No comments yet.

Leave a Reply

%d bloggers like this: