De la Oligarquía al Duopolio

 

Renzi

 

Comparando las distintas formas de sufrir la mentira en política, sin duda es preferible el cinismo a la demagogia. El país paradigmático de la partitocracia (paradójicamente, el que lo fue de acogida de Michels, el autor del  concepto de  ley de hierro de las oligarquías , que aunque alemán de nacimiento fue profesor en la Universidad de Perugia) acaba de anunciar, en virtud de un pacto de los dos partidos hegemónicos, una involución, más si cabe, del raquítico sistema de libertades políticas del que disfruta la nación italiana. Dicha reacción consiste en pasar de la oligarquía de partidos que ha caracterizado a la política italiana desde el final de la Segunda Guerra mundial al duopolio. Con el pretexto de evitar los desmanes del sistema proporcional de listas de partido, Renzi y Berlusconi se han blindado, implantando auténticas barricadas electorales que impedirán el acceso al Parlamento a los partidos y coaliciones minoritarios no obtengan un 8% y un 12% de los votos emitidos. Para mayor agravio a los ciudadanos italianos, estos dos oligarcas dicen tomar como ejemplo el modelo español. Sin salir de mi asombro me pregunto si su fuente de inspiración ha sido la falta de independencia de nuestros mal llamados representantes, que habría que llamar funcionarios de partido y del Estado, o acaso ha sido la inseparación en origen de los tres poderes fundamentales de Estado que ha permitido que miles de cargos públicos imputados por latrocinio acaben eludiendo la prisión. Aunque sólo fuese por mantener el decoro, deberían saber que aquello que pretenden emular es exactamente lo que se hace más necesario cambiar en España. Pasar de la oligarquía de muchos a la de pocos no hace sino agravar una situación que el tiempo determinará insostenible. Sin embargo, el verdadero muro de contención de la libertad política no se encuentra en una fórmula más o menos pura de proporcionalidad, sino en la propia existencia de las listas electorales. Mientras exista una sola lista a confeccionar, bien sabía Michels que es motivo suficiente para que el principio representativo quede completamente extinguido, pues el diputado de listas no puede sino perseverar en su ser, al decir de Spinoza, no atendiendo nunca a ningún mandato que no provenga de su verdadero jefe, el que con su dedo divino le vuelve a regalar el sueldo que los pobres votantes refrendan en cada elección. Quienes hemos dedicado tiempo al estudio de la naturaleza del poder, y en eso y sólo eso consiste la política, debemos esforzarnos hasta la extenuación en extender la certeza de que no puede haber representación política sin libertad ciudadana para poner y deponer al candidato y diputado, cuestión que sólo es posible a través de la figura del diputado de distrito elegido a doble vuelta y con posibilidad de revocatoria de mandato. Todo lo demás es pura ficción. Como consuelo, quedémonos con que lo único positivo del nuevo equilibro de poder italiano es que su cinismo permite que aflore descarnadamente la verdad de un régimen podrido. A ver si después de cincuenta años los italianos acaban enterándose de lo que les pasa.

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Empresario. Autor del libro Mando a distancia. Ex profesor de Sociología. Doctor en Derecho. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Urbanista.

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