CUANDO EL HÁBITO INTENTA HACER AL MONJE

 (artículo para el diario “El Aguijón“)

Esta tarde twitteaba lo siguiente: “Mario Draghi, Presidente BCE va sin chofer y sin escolta. Aquí cualquier forrapelotas con carnet de partido los lleva. Qué diferencia…”

Pese a lo poco correcto de la expresión –Twitter permite estas licencias- éste ha sido uno de los twitts más secundados (retwitteados) que he tenido en los últimos días. Lo cual implica necesariamente que los ciudadanos en términos generales están cansados de ver cómo los fastos de la clase política, lejos de no haber tenido que existir nunca, todavía se mantienen en las circunstancias catastróficas en las que nos encontramos.

La cosa tiene su aquel. El presidente del Banco Central Europeo tiene más poder en la uña de un dedo que todo el que cualquier alcalde, portavoz de grupo de cualquier Parlamento Autonómico y ya no digo de una rancia Diputación Provincial, pueda soñar. Y sin embargo, no necesita ni un coche oficial ni un escolta. ¿Cómo es posible argumentar que en España haya miles de ellos?

Draghi es un tipo que se viste por los pies, que no tiene que demostrar nada porque ya lo ha hecho. Y que desde hace tiempo, tiene su porvenir asegurado fuera de la función pública si es menester no estar. En el fondo ésa es la gran diferencia respecto a la inmensa mayoría de personas que forman lo que se viene llamando con acierto científico la clase política. ¿A cuántas personas conocen ustedes en puestos de cierta importancia sin profesión conocida y sin la más mínima preparación intelectual para el cargo? ¿Cuántos de ellos no han sido capaces siquiera de terminar una carrera universitaria pese a llevar lustros y lustros no haciendo nada sino medrar dentro de un partido a gastos pagados por el ciudadano? No doy nombres por dos motivos. El primero, porque este artículo sería resultaría interminable. El segundo y más importante, porque los miles de personas –por desgracia son miles- que podríamos nombrar aquí no son los verdaderos culpables. Se benefician de una situación como lo harían otras personas si estuvieran en su lugar. No digo que todas lo harían, pero sí digo que lo harían muchos más de los que lo hacen, aun siendo éstos un auténtico ejército. La culpa la tenemos el resto de los españoles que lo permitimos, pues no hay nada más poderoso que el grito unísono de la ciudadanía. Si nos unimos, las gabelas provenientes en una gran medida de la financiación pública desmedida de los partidos políticos desaparecerían, y éstos no tendrían con qué financiar sus redes clientelares ni a fieles y grises funcionarios de partido que acaban siendo, precisamente debido a esa mediocridad, a ese carácter grisáceo necesario para el engranaje partidocrático,  los que ocupan esos cargos, para los que ni están preparados profesional ni intelectualmente, pero que necesitan para adornar sus tristes figuras. Y es su propia tristeza genética la que les exige disponer de las mejores galas públicas para camuflarse en la fiesta de la imagen posmoderna donde un chófer y una cámara compensan con creces toda carencia intelectual. Sin los fastos que les rodean, la trémula desnudez reduciría pérfidamente su levedad a escala real.

Me contó un conocido no hace mucho tiempo que en una comida, cuando se quejó de esta misma situación a un alto dirigente del PP (ex ministro) con quien compartía mesa, éste le dijo con todo el cinismo: “claro, y si encima no os quejáis, ¿qué quieres que hagamos?”.

Tremendo, ¿no? Pues eso.

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Empresario. Autor del libro Mando a distancia. Ex profesor de Sociología. Doctor en Derecho. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Urbanista.

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One Response to CUANDO EL HÁBITO INTENTA HACER AL MONJE

  1. @clavedesole 16 Enero, 2012 at 01:13 #

    Estoy de acuerdo contigo como siempre, pero hoy menos en una cosa.
    Ellos sí son los verdaderos culpables, igual de verdaderos que el sistema que se lo permite y facilita, porque el sistema se alimenta de ciudadanos que lo ponen en marcha y siempre se puede encontrar uno o ser el primero en decir NO y no aprovecharse de las circustancias; te aseguro que yo conozco a 2 personas con esta integridad y honestidad y capacidad de parar esta escalada y no formar parte de ella, una es mi marido… por ejemplo!!
    Saludos

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