Contestación a un artículo de Mario Conde respecto a la abstención como estrategia política

Estimado Mario:

En relación con tu post en el blog de la Fundación Civil (que no he podido insertar allí mismo) me gustaría hacerte una reflexión.

En una sociedad cultivada y exenta del prejuicio que fuerza a considerar como deber cívico aquello que no es sino un derecho político, la abstención electoral podría llegar a ser la más eficaz herramienta para deslegitimar un régimen basado en unas reglas de juego inasumibles. Bastaría no llegar al 50% de participación para que en un país latino un sistema político se desmoronase. De ahí que la propaganda, si nos fijamos bien, en todas las campañas electorales en España esté basada en la participación a todo precio de la ciudadanía. Lo importante para la clase política creada al albur de los parlamentarismos de listas de partido, de los sistemas del consenso y del reparto, reside en la participación popular, aunque sea para votar al partido contrario. Mientras el sistema subsista, habrá algo que repartir en el reino de las oligarquías. Y de ahí también el agradecimiento sincero que el perdedor hace a la ciudadanía por prestarse a la farsa que le renovará el poder, que, aunque en menor proporción que si hubiese ganado, sigue siendo suculento.

A mi modo de ver, lo último que ocurrirá en España será que la gente deje de votar. Cuando la situación no es crítica, porque los gobernantes y sus cómplices de clase no lo han hecho tan mal como para desobedecer al mandato divino del derecho de sufragio activo, que es como lo entiende la mayoría de los ciudadanos, por muy “oximoroso” que suene. Cuando el desastre está servido, porque hay que sustituir al mal gobernante en un acto patriótico de salvación colectiva a corto plazo. Añado otras dos razones que me parecen igual de influyentes a la hora de arrastrar políticamente a los ciudadanos a las urnas.

Étienne de la Boétie, traído de nuevo al recuerdo tras los acontecimientos de la primavera árabe, teorizó sobre la servidumbre voluntaria que experimenta el ciudadano (súbdito en el siglo XVI) respecto al poder. Podríamos definirla como una fuente de dominación a través de la autoridad, algo que le supera psicológicamente, que le inunda y de lo que no se puede desprender durante toda su vida, salvo que la cultura termine por romper las cadenas que le atan al concepto. En los países latinos, este criterio es todavía más valido debido a la concepción paternalista del poder proveniente de Roma y del catolicismo. El autor  se extrañaba, antes de intelectualizar la idea, de que millones de personas viviesen sometidos a un tirano cuando podrían, actuando al unísono, liquidarlo en cuestión de minutos. Tú te preguntas cómo es posible que en una reciente encuesta el CIS arroje tan demoledores datos de la opinión de la ciudadanía respecto a la clase política y, al mismo tiempo, ésta acabe de legitimar su actuación de una forma tan rotunda. La respuesta la tenemos en “El discurso de la servidumbre voluntaria”.

Por otra parte, aunque sea más liviana, considero que existe otra razón. No he podido averiguar si su fundamento hunde sus raíces anteriormente a la Segunda República. Al menos desde entonces, existe en España una brecha ideológica que separa indefectiblemente a la ciudadanía. Quizá se esté diluyendo, pero es obvio que todavía permanece visible. Por mucho que los ciudadanos consideren a la clase política como lo que es, una casta privilegiada que vive al margen de la sociedad, la inmensa mayoría hace una distinción pasional entre quienes considera suyos por afinidad ideológica y aquellos a quienes considera los de enfrente. El juego y el equilibrio de sensaciones debe de ser muy parecido al que experimentan los forofos de un equipo al que apoyan incondicionalmente. Hay más factores que influyen en la cancha política pero la irracionalidad con la que terminan respaldando a unos y a otros es muy similar.

Por todo ello twitteé ayer varias veces que la situación me parecía normal, business as usual, y que lo único que me producía, como diría Spinoza, es perseverar en mi ser, en este caso, en mi cogito. Por no extenderme, de las conclusiones que he extraído de la jornada electoral de ayer me ciño a la cuestión que alude a la participación.

La estrategia para reformar nuestro sistema político, para revisarlo en profundidad si se prefiere, queda confirmado que no es ni será la abstención. En relación con el sufragio y la voluntad política, a la ciudadanía hay que pedirle que haga en positivo, no que deje de hacer en negativo. Creo que será mucho más fácil pedirle que apoye una propuesta de revisión constitucional o de apertura de un proceso constituyente que esperar a que lo convoque ella misma deslegitimando a la oligarquía actual a través de la abstención. Queda saber, por mi parte, si es necesario introducirse en el sistema para pedirlo o si por el contrario, conviene mantenerse al margen de lo que se critica pero sin actuar en negativo, es decir, buscando la forma de canalizar no las opiniones sino los actos volitivos de los ciudadanos a través de procesos de legitimación y soberanía política. O quizá, yo no lo descartaría, una suma de ambas estrategias comenzando por la primera y terminando con la segunda.

Saludos afectuosos.

 

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Empresario. Autor del libro Mando a distancia. Ex profesor de Sociología. Doctor en Derecho. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Urbanista.

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2 Responses to Contestación a un artículo de Mario Conde respecto a la abstención como estrategia política

  1. Ricardo 22 Noviembre, 2011 at 13:35 #

    El enredo permanece. De momento. También aumenta la presencia en el ideario envolvente del inconsciente colectivo en este escenario global, de términos, adoptados por mas precisos, para evaluar la realidad y motivar al tragicómico individuo social, irritado tras la mascara, al buen uso de la razón –razón que razona, fluye y aprende y asimila-, que lo capacita para aliviar el irracional sufrimiento, la provocación de tanto daño.

    Mas que una realidad humana presente, la racionalidad resulta de una profunda toma de conciencia en todo ser humano que libera la voluntad atada -desde el inicial uso de razón (acceso al sistema operativo general, único y cerrado)- al ramal de las creencias, las mascaras, el entramado cómplice de intereses, trampantojos, apariencias, disimulos e impunidades ingeniadas solo para sobrevivir –convenientes en otros estadios evolutivos-, que limitan la racionalidad –por protección, por desconfianza, por amor de madre-, aunque asombran, dañan al ser que somos –que tiende a la superación-, y asume la auto responsabilidad, el autoconocimiento, orientándose (memoria limpia, sistema abierto -de brazos-) hacia la sanación –la paz-, el equilibrio, la armonía. Auto sanando. En ese intento ocupado íntegramente. Un ser solo que esta siendo. Utilizando la razón como herramienta ética para desentrañar y comprender las pasiones, emociones y sentimientos imitados tan temprano y que generan todo sufrimiento. Confiado y alerta, con su compromiso interno de acrecentamiento de conciencia, salud y salvación. Dispuesto, en su propio proceso de sentir -estando ya la casa sosegada-, a vivir relaciones entre todos los seres vivos, fructificas, saludables, libres, nuevas, otras. Mientras tanto se mantienen activos en el intento. Ahí nos sentimos. Primun vivere deinde philosophare.

    Un nuevo sistema debe fijar un nuevo horizonte moral.
    Nuevo paradigma.

    Solo es posible un nuevo sistema comprendiéndolo conveniente para el desarrollo de un nuevo paradigma. Este nuevo paradigma, hoy, debe ser globalizador, no solo porque incluya, sin oposición, a las morales dominantes actuales considerándolas casos especiales en transición hacia el nuevo modelo, también porque solo global, universal, es posible.

    El nuevo oriente que la humanidad precisa ahora como referente moral para convivir racionalmente, organizarse con eficacia funcional y en armonía con el medio ambiente, debe ser:

    La actualización del concepto Salud. El kerigma perenne.
    Salud, entendida como un estado de bienestar físico, mental y social, con capacidad de funcionamiento, y no solo la ausencia de padecimientos o enfermedades. Salud, como nivel de eficacia funcional o metabólica de un organismo tanto a nivel micro (celular) como a nivel macro (social). Salud, como continuo proceso de cambio equilibrado, armónico, justo, consciente. Salud que esta siendo, que se siente así a la luz de una conciencia liberada del lastre sensiblero de creencias, dogmas, leyes, ideas. Salud que es voluntad de vivir, como manifestación de la única libertad posible.

    Explicitar el nuevo paradigma cooperando todas las visiones sobre el mismo, difundir, legitimar, propagar, etc., la tarea por delante. Animo. Y que de salud sirva.

    Salud.

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  1. 20N Otro análisis hacia la convergencia | - 26 Noviembre, 2011

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