BRINDIS AL SOL Y PARQUEDAD ANTIDEMOCRÁTICA

De nuevo, los dos grandes acontecimientos semanales nos dejan un sabor amargo en nuestros paladares ciudadanos. El primero es más bien agridulce, porque si bien ha sentado estupendamente a todo el mundo, yo mantengo mis reservas al respecto. El informe de Oliver Wyman convence porque sus resultados han sido mejor de lo esperado. Un amigo tasador de grandes proyectos y muchísima experiencia, hace poco nos comentaba en un almuerzo que tasar el “roto” del ladrillo era una hercúlea tarea que no podía costar a un gran equipo de profesionales menos de 6 meses full time. Comentó también que le constaba que la tasación se haría a ojo de buen cubero. Las agencias lo han confirmado, han tomado los datos del Banco de España, como si éste hubiese sido la mejor referencia del último lustro. Si los datos estaban tan aparentes y disponibles que sólo había que cogerlos y analizarlos, ¿qué ha hecho el Banco de España durante todo este tiempo? Y, si por el contrario y como me temo, los resultados son mera intuición basada en datos absolutamente inexactos, no hemos avanzado nada, más bien hemos perdido otro mes y un par de millones de euros.

El tiempo nos dirá si los escépticos estabamos en lo cierto, ojalá que nos pueda quitar la razón, pero podría ser demasiado tarde si la tenemos. Por eso, más nos valdría hacer un estudio serio y pormenorizado que llevase un mínimo de tiempo para saber a qué atenernos. Rajoy debía haberlo exigido nada más llegar al poder, como hicieron algunos gobiernos autonómicos en junio de 2011. Ya va siendo hora de que un día se sepa la verdad, el problema es que, insisto, será demasiado tarde.

Por otra parte, una cosa es tener una agenda apretada y muchos problemas a la vista y otra muy diferente es pasar olímpicamente de dar cuentas al Congreso, que se supone representa la soberanía nacional. Si el primer año, el de la herencia envenenada, el presidente no atreve a dar la cara, ¿qué hará los siguientes, cuando se le puedan perdir cuentas a él, en exclusiva? ¿Qué no tiene tiempo? Y que hace entonces yendo a ver el partido de la selección?

Un presidente puede fallar en sus previsiones económicas, en su gestión del gasto y en tantas otras cosas. Algunos ciudadanos se lo pueden perdonar, pero resulta intolerante que se pase por el arco de triunfo a quien le apoyan y no le apoyan, negándoles una explicación. Es digno de alguien de muy poca talla.

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Empresario. Autor del libro Mando a distancia. Ex profesor de Sociología. Doctor en Derecho. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Urbanista.

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