100 días de perdón

Desde que existe la blogosfera la esfera pública, o la opinión pública como decía Habermas, ha renacido cual Ave Fénix de las cenizas en las que la inclusión de las cuestiones económicas en el conflicto dialéctico del s. XIX la habían sepultado. Es obvio que dichas cuestiones se mantienen inmersas en el debate público pero la lucha de clases establecida en el Estado desde mediados del s. XIX ha dado paso una suerte de aburguesamiento de la sociedad dónde la gran dialéctica ya no se sitúa en el control de los medios de producción, por un lado, ni tampoco en la ubicación de los valores comunitarios. La sociedad posmoderna tendrá otros muchos problemas pero a mi juicio puede rescatar de la quiebra y reconstituir una nueva esfera pública que, basada en la participación de todos los ciudadanos, recobre el vigor que un día tuvo para un pequeño grupo privilegiados con posibilidades de frecuentar los salones y clubes de opinión decimonónicos.

Es una norma habitual en los medios de comunicación social conceder cien días de gracia a todo gobierno que se estrena en sus tareas. Desde hace poco tiempo, esa capacidad de concesión debe extenderse también a los ciudadanos. No voy a romper esa dinámica que la costumbre ha hecho ley. Pero sí debo señalar varias posturas y declaraciones gubernamentales que se me antojan difíciles de rectificar antes de que hayan transcurrido estos tres meses teñidos de omertá pública.

El Ministro de Interior ha alabado y reconocido la labor de su antecesor en el cargo, sujeto sobre el que recae la duda del caso Faisán y la más que sospechosa negociación con ETA. No es difícil inferir que va a haber continuidad.

El Ministro de Justicia, en treinta años de profesión (después de treinta años no creo que nadie pueda negar la condición de profesión a un cargo público) no se le conoce una sola alusión a la necesidad de independizar radicalmente al poder judicial del poder político. Me temo que para Rajoy la regeneración política en materia judicial ha de cumplir el mismo rol que cumplió en la era Aznar: ser ligeramente nombrada en el programa electoral y no ejecutada nunca. Desconozco si ha habido alguna alusión a este hecho en los últimos días por el nuevo ministro pero la experiencia de toda una vida, la suya, nos debe mantener en la más absoluta de las cautelas ante cualquier declaración de intenciones para ceñirnos literalmente a nuestro refranero cuando dice que obras son amores…

Respecto a la muy exigida reforma de la Ley electoral, quedó claro cuáles eran las intenciones de Rajoy al contestar a UPyD en su discurso de investidura algo así como: “la ley electoral no está tan cuestionada cuando ha hecho uso de ella el 70% de los ciudadanos”. Lo peor de todo es que en cierto modo tiene razón, aunque habría que haberle contestado que muchas personas que han votado lo han hecho porque han entendido que no tenían otra opción, lo cual no implica que estén de acuerdo con la vigente ley oligárquica.

En términos de libertades, hay que recordar dos cuestiones. Una, que el gobierno anterior, por miedo a las redes sociales,  ha preferido dejar la aprobación del reglamento de la ley al PP, que hasta ahora había mantenido su apoyo a la misma, en contra de toda la blogosfera. Su posible rectificación obedecería mucho más al oportunismo que a la convicción que profese el nuevo Ministro respecto a la libertad de expresión. Con esa cautela habría que recibir el cambio si se produce. Y dos, que la llamada al consenso (que políticamente significa reparto) como norma general, según se desprende del discurso de Rajoy, implicará concesiones a los nacionalismos.

Finalmente por hoy, en materia económica hay tantas cosas que hacer que muchas de las futuras acciones no han sido siquiera anunciadas. Pero los dos nuevos ministros han prometido ya dos medidas que, salvo que acaben siendo más profundas que lo que deja entrever su anuncio, resultarán a todos los efectos insuficientes. Con una reforma laboral aparentemente tibia y el recorte de tan sólo 16.000 millones de euros en el despilfarro público, el crédito no fluirá en la sociedad y el desempleo se incrementará mucho más allá de los dos trimestres en los que la recesión ya es un hecho anunciado.

De momento son sólo observaciones que deben mantenerse en un estado de latencia sin pasar a la crítica. Ojalá que tras unos primeros zigzags el gobierno acabe formulando una batería de propuestas políticas y económicas que podamos aplaudir desde la esfera pública. Vivir para ver..

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Empresario. Autor del libro Mando a distancia. Ex profesor de Sociología. Doctor en Derecho. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Urbanista.

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